Cala Ratjada nació mirando al mar. Durante siglos, sus aguas fueron escenario de faenas humildes: redes para capturar rayas, trampas para langostas y pequeños llaüts que marcaban el ritmo de la vida local. Con el tiempo, el puerto se consolidó como punto clave para la economía de Capdepera. La construcción de muelles, la fundación de la cofradía y la llegada del faro en los años sesenta acompañaron un proceso en el que el turismo empezó a convivir con la pesca.
Hoy, entre restaurantes y terrazas, aún se perciben señales de aquel pasado: embarcaciones tradicionales en el muelle, redes secándose al sol y familias que continúan la herencia marinera.














La pesca sigue siendo un pilar, aunque adaptada a nuevos tiempos. En Cala Ratjada, la cofradía local mantiene viva la actividad con unas pocas decenas de profesionales que apuestan por métodos respetuosos con el entorno. Parte del éxito radica en la Reserva Marina de Levante, que protege más de 11.000 hectáreas y garantiza tanto la biodiversidad como la viabilidad de la pesca artesanal. Gracias a estas medidas, especies emblemáticas como la langosta roja y, por supuesto, la llampuga, siguen presentes en la mesa y en la cultura local.
Hace apenas unos días arrancó la temporada más esperada por pescadores y amantes de la gastronomía: la captura de la llampuga. Este pez, de tonos dorados cuando nada en alta mar, se convierte durante el otoño en uno de los productos estrella de la cocina mallorquina. Su llegada marca el inicio de semanas intensas para las barcas del puerto, que salen cada madrugada tras los cardúmenes que se acercan a la costa.
Con la temporada en marcha, Cala Ratjada se prepara para celebrar su cita más popular: la Feria de la Llampuga. Del 10 al 12 de octubre, el muelle se transforma en un gran escaparate gastronómico donde restaurantes, bares y productores locales presentan decenas de formas de cocinar este pescado: desde platos tradicionales como la llampuga con pimientos hasta propuestas más creativas como croquetas, hamburguesas o carpaccios.
El evento no es solo una fiesta para el paladar. Música en directo, actividades para todas las edades, puestos de artesanía y un ambiente festivo convierten la feria en una de las celebraciones más esperadas del calendario en Mallorca. Cada año, miles de visitantes acuden para saborear el mar en el mismo lugar donde se vive su historia.
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